domingo, 31 de octubre de 2010

Acuerdo mundial sobre biodiversidad


Universo-verde
La cumbre de Japón establece metas para 2020, aunque son criticadas por demasiado débiles. También se acuerda cómo repartir las ganancias derivadas de las plantas.

Luego de doce días de tensas negociaciones, más de 190 paises reunidos en la Cumbre de Biodiversidad en Nagoya, Japón, acordaron un nuevo plan para 2020 dirigido a proteger las especies del planeta. Pero las metas acordadas son menos exigentes y específicas de lo que pedían los expertos en conservación.

En el encuentro también se logró un acuerdo en torno a un tema clave para América Latina: cómo regular el acceso a los recursos genéticos de las plantas y el reparto de los beneficios que se obtienen de ellas.

Los delegados estuvieron reunidos hasta altas horas de la noche y la principal manzana de la discordia fue precisamente el llamado Protocolo ABS (Access and Benefit sharingo acceso y reparto de beneficios). Brasil y otros países en desarrollo ricos en biodiversidad habían insistido durante todo el encuentro que no firmarían las metas generales a menos que hubiera también un acuerdo sobre el protocolo.

Los países en desarrollo lograron una concesión importante: que el acuerdo cubra todo lo que que se llegue a obtener a partir de sus plantas -lo que técnicamente se conoce como "derivados".

Los países industrializados y naciones como Suiza, que tienen una poderosa industria farmacéutica, querían un acuerdo mucho más limitado.

"Cada palabra en estos documentos no es sólo una palabra", dijo a la BBC Hugo Schally, principal negociador europeo en este tema. "Para la industria estas palabras pueden significar diferencias de miles de millones de dólares".

Metas polémicas

En materia de detener la pérdida de biodiversidad, el acuerdo logrado en Nagoya establece como meta proteger el 17% de los espacios terrestres y el 10% de los océanos, para 2020.

Muchos expertos consideran estas metas demasiado débiles, apuntando que ya se protege al 13% de las superficies terrestres y que la meta del 10% para áreas marinas es la que ya existía antes de la cumbre.

Varias organizaciones de conservación expresaron que las nuevas metas pueden no ser suficientes para detener la pérdida de especies.

"Los delegados se irán ahora de Nagoya, pero el trabajo para salvar la vida en el planeta tiene que reanudarse el lunes por la mañana", dijo a la BBC Jane Smart, de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Japón asumió la presidencia de la Convención de Diversidad Biológica hasta 2012 y según Wakao Hanaoka, de Greenpeace, "eso debe significar en la práctica que tome medidas concretas para reducir la pesca de especies lucrativas y amenazadas como el atún rojo".

El director del Fondo Mundial para la Naturaleza, Jim Leape, dijo que a pesar de las limitaciones del acuerdo "éste reafirma la necesidad fundamental de conservar la naturaleza como la base de nuestra salud y nuestra economía. Los gobiernos han dado un fuerte mensaje de que proteger al planeta es un tema central de la política internacional".

Recursos financieros

Varios países en desarrollo advirtieron que no tienen los fondos necesario para implementar las nuevas metas. Ponerlas en práctica requiere desde pagar guardias hasta sistemas complejos de monitoreo.

"Los bosques en nuestros países son vitales para todo el planeta y esperamos ayuda financiera para poder conservarlos por el bien común de la humanidad", dijo Johansen Voker, de la Agencia de Protección Ambiental de Liberia.

Los países desarrollados se comprometieron a establecer mecanismos para reunir fondos de ayuda para 2020, lo que puede significar un importante flujo de fondos para las naciones en desarrollo. Los planes deben estar en pie para 2012, cuando Rio de Janeiro será la sede de la segunda Cumbre de la Tierra, dos décadas después de albergar la primera.

Las cifras que se manejan parecen demasiado ambiciosas, particularmente si se tiene en cuenta que los gobiernos ya se han comprometido a reunir US$100 mil millones para combatir el cambio climático para 2020.

"Pensar en resolver el problema de la pérdida de biodiversidad sólo con fondos públicos es una ilusión", dijo a la BBC la ministra de ecología de Francia, Chantal Jouanno. "Las empresas privadas deben contribuir y esto es algo lógico, porque que obtienen ganancias aprovechando los recursos de la biodiversidad".

La cumbre en Nagoya fue la X Conferencia de las Partes de la Convención sobre Biodiversidad (COP10). Tanto el secretario general de la Convención como la ONU habían admitido antes del encuentro el fracaso individual y colectivo en reducir la pérdida de biodiversidad.

La gran pregunta es si las metas acordadas en Nagoya son lo suficientemente específicas para alterar lo que para muchos es la gran tragedia: la pérdida de biodiversidad a un ritmo mil veces superior al considerado natural. Al menos un quinto de las especies del planeta están amenazadas de desaparecer. En el caso de los anfribios, la cifra es superior al 40%.

En palabras del naturalista Edward O. Wilson, "estamos dejando escapar la naturaleza de entre nuestras manos y con ello nos estamos perdiendo a nosotros mismos".

jueves, 21 de octubre de 2010

Siembra de nubes reflectoras


Universo-verde
Rociando desde el mar gotas de agua salada del tamaño de un micrón (una milésima parte de un milímetro) a través de unas pequeñas embarcaciones, un grupo de científicos modifica las nubes para ayudar a revertir el calentamiento global.
La reflectividad solar de las nubes depende de la distribución del tamaño de las gotas de agua presentes en ellas. Ante esta premisa, dos científicos estudian la posibilidad de modificar la concentración de los núcleos de condensación de las nubes marinas para hacerlas más reflectantes y así devolver los rayos solares hacia el espacio.

Las nubes son acumulaciones de pequeñas gotas de agua o de partículas de hielo que se mantienen en suspensión en la atmósfera y que forman una masa de vapor acuoso de color variable según su densidad o según la luz.

Basándose en la composición de las nubes, John Latham, investigador del Centro Nacional para la Investigación Atmosférica (EE. UU.) y catedrático de la Universidad de Manchester (Reino Unido) y Stephen Salter, profesor de la Universidad de Edimburgo (Escocia), han buscado una solución a favor del enfriamiento de la Tierra.

Su proyecto gira en torno a la idea de que "las nubes bajas [o estratocúmulos] son buenos reflectores de los rayos solares, y su reflectividad aumenta si se emplea el reconocido efecto Twomey", detalla a EFE John Latham.

Sean Twomey comprobó que el albedo (porcentaje de radiación luminosa o electromagnética que refleja una superficie) de las nubes aumenta, cuando el tamaño de las gotitas de agua contenidas en ellas es más pequeño.

Siguiendo esta teoría, los científicos se propusieron modificar el albedo o reflectividad solar de las nubes bajas, rociando desde el mar gotas de agua salada del tamaño de un micrón (una milésima parte de un milímetro) hacia la turbulenta capa límite ubicada detrás de las nubes estratocúmulos marinas.

A menor tamaño de las gotas, mayor albedo

"Cuando los residuos de la evaporación de las gotas de agua llegan al nivel de las nubes, se crean muchísimos núcleos de condensación nuevos, lo que trae como resultado una mayor cantidad de gotas, pero de menor tamaño", precisan ambos expertos.
Todo este proceso da origen a una mayor reflectividad de las nubes marinas, que al funcionar como espejos, impiden el paso de los rayos solares y los desvían nuevamente hacia el espacio.

Puesto que la energía solar no alcanzaría la superficie terrestre con tanta vehemencia, se produciría un efecto de enfriamiento notable, que se traduce en un descenso drástico en las temperaturas atmosférica y oceánica.
"Actualmente, es un hecho que hay menos núcleos de condensación [o menos gotas de agua] en las nubes suspendidas en las masas de aire marinas que en las continentales", detallan Latham y Salter.

Mientras los núcleos de condensación o la cantidad de gotas de las nubes marinas se ubican entre 10 y 100 por centímetro cúbico, la de las nubes continentales contienen entre 1.000 y 5.000 por centímetro cúbico.

Ante esta realidad, los científicos se centran en aumentar la reflectividad especialmente de las nubes marinas para así reducir las temperaturas de los océanos y evitar una aceleración del deshielo polar. "Con el aumento de un 2,6% del albedo de las nubes, se podría revertir el daño ocasionado hasta el momento por las emisiones de dióxido de carbono", indican los expertos.

Botes controladores de clima

Para el rociado de las gotas milimétricas de agua salada, Latham y Salter han diseñado unos botes propulsados por energía eólica y controlados de forma remota. En vez de estar equipadas por velas, las embarcaciones tendrían turbinas o rotores hidráulicos que permitirían generar la energía necesaria para el bombeo y rociado del agua.

El bote contará, a su vez, con un mecanismo de filtros que desechará los residuos existentes en el agua salada. Una vez filtrada, el agua pasará por un rociador que permitirá controlar y variar el diámetro de las gotas.
"Cada bote sin tripulación tendrá un sistema de posicionamiento global (GPS), un listado de ubicaciones solicitadas y un canal de comunicaciones satelitales para hacer modificaciones y seguimientos de las zonas nubosas, migrar según las estaciones y regresar a puerto para recibir servicios de mantenimiento", señalan los estudiosos.

Estos instrumentos también servirán para hacer reportes sobre la temperatura atmosférica y oceánica, humedad, emisiones solares, dirección y velocidad de los vientos y corrientes, conteo del plancton y aerosol, salinidad, recepción radial e incluso podrían rescatar otras embarcaciones en peligro.

Latham sostiene que "los mejores sitios para ubicar estos botes son aquéllos en donde hay muchas nubes, principalmente en los trópicos. Las corrientes oceánicas servirán para trasladar este efecto de enfriamiento a los polos".

Según los expertos, "este propuesta consiste en una técnica ecológicamente benigna para reducir el calentamiento global, ya que sólo involucra agua salada y viento". En un principio, se necesitarían construir unos 50 botes; sin embargo, esta cifra cambiará con el trascurso del tiempo, elevándose hasta 1.500 embarcaciones entre 30 y 50 años.

Si bien se desconoce aún si esta idea traerá consigo algo efecto climático adverso, por ejemplo una mayor precipitación en las zonas continentales, lo cierto es que, de llegar a funcionar esta técnica, se podría estabilizar la temperatura de la Tierra y mantener la extensión de las capas de hielo polar.

"El efecto inmediato del control del albedo de las nubes sería el enfriamiento de la superficie del mar (...) Con este proyecto, también se podría reducir la frecuencia y fuerza de los huracanes y, a la vez, extender el área apropiada para el crecimiento del fitoplancton. Por otra parte, los océanos son un medio efectivo de almacenamiento térmico, y las corrientes, un mecanismo eficiente de transporte; de allí que los efectos iniciales se sentirían, a la larga, en todo el mundo", afirman los especialistas.